En el Día Mundial de la Sanidad Vegetal, la FAO llama la atención sobre la importancia de prevenir plagas y enfermedades en los cultivos para proteger la seguridad alimentaria. En Bogotá-Cundinamarca, este llamado también se conecta con el uso responsable de agroinsumos, la producción limpia, la trazabilidad y la necesidad de fortalecer prácticas sostenibles que cuiden los alimentos desde el campo hasta el consumo.

 

  • Bogotá depende en un 88 % del abastecimiento regional: cuidar la salud de los cultivos también es cuidar la comida que llega a la ciudad.
  • El uso responsable de agroinsumos, los bioinsumos y la trazabilidad son claves para producir alimentos más inocuos y sostenibles.
  • Las plagas pueden destruir hasta el 40 % de los cultivos cada año; prevenirlas es proteger la seguridad alimentaria.

 

 

Bogotá, 12 de mayo de 2026._ Una ensalada fresca en el almuerzo, una papa servida en la mesa o una fruta empacada en la lonchera parecen alimentos simples, cotidianos, siempre disponibles. Están en la plaza, en el supermercado, en la tienda del barrio o en los mercados campesinos; pero antes de llegar a la mesa, cada alimento ha recorrido una ruta que empieza mucho antes de la cosecha: en la semilla, en el suelo, en el agua, en el manejo del cultivo y en la capacidad de prevenir plagas y enfermedades que pueden afectar la producción, encarecer los alimentos o aumentar las pérdidas a lo largo de la cadena.

 

En ese recorrido está el centro del Día Mundial de la Sanidad Vegetal, que se conmemora cada 12 de mayo y que en 2026 tiene como tema global la bioseguridad vegetal para la seguridad alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recuerda que las plantas aportan el 80 % de los alimentos que consumimos y el 98 % del oxígeno que respiramos. Sin embargo, las plagas y enfermedades vegetales pueden causar la pérdida de hasta el 40 % de los cultivos a nivel mundial y generar pérdidas comerciales superiores a los USD 220.000 millones anuales.

 

La bioseguridad vegetal consiste en prevenir la entrada, establecimiento y propagación de plagas y enfermedades que afectan a las plantas. Es una forma de proteger los cultivos antes de que el problema llegue al plato: desde el uso de material vegetal certificado y el reporte oportuno de plagas inusuales, hasta la inspección de productos, empaques, contenedores y medios de transporte que pueden mover organismos dañinos de un territorio a otro.

 

En una región como Bogotá-Cundinamarca, esta conversación es especialmente relevante. El diagnóstico del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA) señala que Bogotá depende mayoritariamente del abastecimiento regional: el 42 % de los alimentos que ingresan a la ciudad proviene de Cundinamarca y el 46 % de los demás departamentos de la región central —Boyacá, Meta, Tolima y Huila—, para un total de 88 % de origen regional. Esto significa que cuidar la salud de los cultivos en los territorios que alimentan a la capital también es cuidar la disponibilidad, calidad y estabilidad de los alimentos que consumen millones de personas.

 

Pero la sanidad vegetal no se trata únicamente de combatir plagas, también implica producir con información, hacer monitoreo oportuno, usar insumos de manera técnica y responsable, proteger los suelos, cuidar el agua, reducir riesgos para quienes producen y consumen, y avanzar hacia prácticas más sostenibles.

Procesos en los que los agroinsumos químicos cumplen un papel importante en la protección de los cultivos y en la productividad agrícola. Sin embargo, su uso debe estar acompañado de asistencia técnica, buenas prácticas, registro de aplicaciones, respeto por los periodos de carencia y manejo adecuado de dosis, mezclas y residuos. Cuando esto no ocurre, el problema pasa de ser exclusivamente ambiental a afectar la inocuidad de los alimentos, la salud de quienes producen, la biodiversidad y la eficacia futura de los mismos productos usados para controlar plagas y enfermedades.

 

El diagnóstico del SARA identifica como uno de los retos de la producción regional metropolitana —situación que se presenta también a nivel nacional y global— la baja inocuidad química y biológica de los alimentos. De acuerdo con el Plan Nacional Subsectorial de Vigilancia y Control de Residuos de Alimentos del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) el 59,5 % de las muestras de vegetales a nivel nacional evidenciaron trazas de Plaguicidas Químicos de Uso Agrícola —PQUA—. Además, para productos de importancia regional, como el tomate y la papa, se reportó que exceden los máximos de residuales de plaguicidas permitidos del 8 y el 41 % de las muestras, respectivamente.

 

El diagnóstico también llama la atención sobre prácticas de uso irracional de plaguicidas, como aplicaciones por calendario sin monitoreo previo, falta de calibración de equipos, sobredosificación, ausencia de registros, mezcla de productos incompatibles, desconocimiento de los periodos de carencia antes de la cosecha y disposición inadecuada de residuos o empaques.

 

Uno de los riesgos asociados a este uso inadecuado es la resistencia de plagas y enfermedades. Cuando se repiten ingredientes activos con el mismo modo de acción, sin criterios técnicos ni rotación adecuada, las plagas pueden volverse menos sensibles a los productos utilizados. Esto obliga a aplicar dosis más altas o mezclas más fuertes, incrementa los costos de producción y puede generar un círculo de contaminación, pérdida de efectividad y mayor dependencia de insumos externos.

 

La sanidad vegetal, pasa entonces a ser también es una conversación sobre sostenibilidad económica. El diagnóstico del SARA señala que algunos sistemas productivos de alimentos en la región son altamente dependientes de insumos de síntesis química. En el caso del tomate bajo cubierta, por ejemplo, los insumos pueden representar entre el 54 % y el 66 % de los costos directos, dependiendo de la presión de plagas y del nivel de tecnificación. A esto se suma que Colombia cuenta con un índice de autosuficiencia de fertilizantes del 20 %, lo que expone la competitividad del agro a la volatilidad de los precios internacionales y la tasa de cambio.

 

Frente a este desafío, la producción limpia, los bioinsumos, el manejo integrado de plagas, las Buenas Prácticas Agrícolas y la agroecología aparecen como caminos complementarios para fortalecer la sanidad vegetal sin aumentar la presión sobre los ecosistemas ni sobre los costos de producción. No se trata de reemplazar de un día para otro todas las herramientas disponibles, sino de usarlas mejor, combinarlas con conocimiento técnico y ampliar alternativas sostenibles adaptadas a cada territorio.

El diagnóstico del SARA reconoce que, aunque existe un potencial importante, la producción y uso de bioinsumos sigue siendo limitada. Colombia representa apenas el 0,9 % del mercado global de bioinsumos; sin embargo, la producción local ha mostrado señales de expansión y cuenta con oportunidades para crecer si se fortalecen capacidades técnicas, registros, investigación, asistencia y mecanismos de comercialización.

 

En esta misma línea, las recomendaciones del SARA plantean incrementar la implementación y certificación en Buenas Prácticas Agrícolas y Buenas Prácticas Pecuarias, con énfasis en el manejo de PQUA; reducir la dependencia de insumos externos; fortalecer la producción local de bioinsumos; promover sistemas de registro en finca que permitan iniciar cadenas de trazabilidad; y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles, inocuos y alineados con la demanda regional.

 

La bioseguridad vegetal también exige coordinación pues las plagas y enfermedades no reconocen fronteras administrativas. Pueden moverse con semillas, plantas, frutas, hortalizas, tubérculos, tierra, empaques, contenedores o productos comprados por internet. Por eso, la FAO recuerda que la sanidad vegetal es una responsabilidad compartida: evitar transportar material vegetal sin cumplir medidas fitosanitarias, verificar el origen de productos vegetales, usar material certificado y reportar plagas inusuales son acciones que ayudan a proteger los cultivos.

 

En el marco de Aliméntate de Región, impulsado por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la FAO, el SARA busca aportar a un sistema de abastecimiento más eficiente, sostenible e inclusivo. Esto implica fortalecer la producción regional, mejorar la información para la toma de decisiones, promover alimentos inocuos y saludables, reducir riesgos sanitarios, articular actores y avanzar hacia prácticas que cuiden tanto la productividad como los ecosistemas.

 

Cuidar la sanidad vegetal va más allá de cuidar las plantas, implica proteger la cosecha de quienes producen, la salud de quienes consumen, la biodiversidad que sostiene los cultivos y la estabilidad del abastecimiento regional. Detrás de cada alimento fresco hay una cadena de decisiones, y esa cadena empieza con cultivos sanos.

 

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Autoras:

María Alejandra Lopera Cel. 304-4447993

Ana Reyes Arias, Cel. 318-4022156

Comunicadoras Aliméntate de Región

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