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El catálogo de Netflix todavía guarda tesoros ocultos. Y uno de ellos es La Tierra según Philomena Cunk, una brillante serie británica de falso documental que con apenas cinco episodios te hará reír y reflexionar. Todo a través de una fórmula en apariencia sencilla: la de contar la historia universal a través de una presentadora que desafiará tu paciencia. Pero que también profundiza en los grandes eventos de todas las épocas con un humor absurdo que sorprende por su ingenio y habilidad para el sarcasmo. 

Creada por Charlie Brooker, la mente maestra detrás de Black Mirror, la producción se sumerge desde su primer episodio en una sátira histórica inteligentísima. Todo a través de la guía de la inexpresiva, ignorante y a menudo demente presentadora Philomena Cunk. El personaje, magistralmente interpretado por la comediante Diane Morgan, es una burla directa a los usuales presentadores de televisión cultural. Pero no solo por sus frases sin sentido, análisis ridículos y su melodramática visión del mundo. 

También por mezclar voces autorizadas y académicas (la serie tiene expertos reales de diversa índole como invitados) con una retorcida ironía. A lo largo de sus episodios, la serie parodia el formato de los documentales educativos de divulgación científica tradicionales de la televisión pública del Reino Unido. Por lo que cuestiona de forma hilarante los hitos fundamentales de la evolución de nuestra civilización. De equivocar el nombre de Elizabeth I de Inglaterra, burlarse de la ropa interior de los cavernícolas hasta lanzar chistes sarcásticos de la Inquisición. Philomena Cunk no deja un solo evento mayor de la historia sin analizar a su modo burlón.

Para soltar la carcajada, pero también para hacerte pensar.

De modo que lo más interesante de La Tierra según Philomena Cunk es su manera de jugar con datos, lugares y fechas para burlarse de la academia. Mientras camina con total seguridad por museos, catedrales ancestrales y ruinas arqueológicas reales en diversos rincones del planeta, Cunk ofrece reflexiones desastrosamente equivocadas. Con un tono de voz imperturbable y absurdamente solemne, confunde sin pestañear datos históricos elementales y lo hace, sin dejar pasar la crítica social. Así que pronto logra que cada evento descrito de manera disparatada sea también una reflexión sobre la hipocresía social y cultural de nuestra época. 

Por lo que equipara la antigua civilización egipcia con tratamientos de belleza modernos. O inventos revolucionarios como la imprenta o la rueda a analogías sin sentido basadas en las redes sociales contemporáneas. Este balance entre datos rigurosos y opiniones sin el mejor sentido convierte cada capítulo de La Tierra según Philomena Cunk en un reto. Una especie de gran chiste cada vez más inteligente y mejor contado sobre datos históricos convertidos en parodia. 

Pero claro está, uno de los mayores atractivos de la serie se encuentra en las memorables y sumamente incómodas entrevistas que Philomena realiza a académicos reales de prestigiosas universidades. Filósofos, científicos, arqueólogos e historiadores: nada se salva de Philomena y su disparatado sentido del humor. Con una paciencia infinita y rostros de absoluto asombro, los expertos intentan responder con rigor científico a preguntas descabelladas. Lo que incluye su Biblia fue el primer audiolibro, o por qué los antiguos griegos inventaron el pensamiento si no tenían dónde guardarlo. La genialidad de Diane Morgan radica en su capacidad de improvisación y en mantener una seriedad sepulcral mientras desespera educadamente a sus entrevistados.

Crítica social inteligente para ‘La Tierra según Philomena Cunk’

Más allá de los chistes absurdos, La Tierra según Philomena Cunk es una aguda crítica social. A través de las incoherencias del personaje, Charlie Brooker expone la fragilidad de la cultura general moderna. En especial, el hecho de que muchas veces se limita a retener conceptos superficiales sacados de internet. Así que la serie pone el ojo en toda una generación, cuyo mayor recurso sobre las plataformas sociales y cuyo conocimiento de historia se basa en datos desordenados.

Mucho más, que buena parte del conocimiento que usuarios comparten y debaten se basa en equívocos, datos erróneos y directamente información falsa. La serie, de la misma que Black Mirror, es una perspectiva durísima sobre nuestra época, pero en específico, de la ignorancia de una generación educada por internet. También una que muchas veces se conforma solo con la versión de los interminables debates online o los datos de la IA a su alcance. 

La Tierra, según Philomena Cunk, triunfa al lograr tocar todos estos temas, mediante la ironía y el ridículo, sin sermones o moralinas. Al desmontar la pomposidad de la televisión académica tradicional, demuestra de manera brillante que la estupidez voluntaria e inocente puede ser una herramienta filosófica. Una, además, muy poderosa para desnudar las verdaderas contradicciones de la condición humana. El mensaje más raro que podría tener la serie y que ha convertido a La Tierra, según Philomena Cunk, en un tesoro en el catálogo de Netflix.

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