El fútbol, universo gitano y salpicado siempre de asuntos inesperados, a veces está rodeado de nubes turbias de las que no se sabe cuál es su verdad, y quizá nunca se llegue a saber. Por ahí anda Neymar, lesionados sin lesión, ausente pero estando presente. Cuando Carlo Ancelotti anunció la lista de los jugadores que irán al frente en el Mundial, la gente en Brasil estaba alerta por la pronunciación de un nombre. ¿Irá o no irá? El director técnico fue desglosando, Allison, Lucas Paquetá, Casemiro, tal y cual. Van 25. Queda cupo para uno. Ancelotti tomó aire, recordó los grandes momentos que del fútbol se derivan, y soltó:

“Neymar”. El júbilo se apoderó del país, los brazos levantados y los ojos desorbitados lo decían todo. Neymar para la selección, Neymar para vivir el sueño postergado del 6o título…

Porque si algo le falta “a Selecao” es aquello que solo Neymar puede darle. Con jugadores en los mejores clubes europeos, no consigue lo que el camiseta 10 puede darle: la magia perdida. El fútbol sigue pendiente de él, de su varita de prestidigitador, de hacer posible lo imposible, de su sonrisa ancha propia de los días aquellos cuando ver jugar a Brasil era como ir a una fiesta de colores vivos. Solo queda él, y detrás de su arte su momento actual. Los rumores hablan de varias cosas; que la demora en su llamado era intencional para crear expectativa, que no estaba curado de una vieja lesión y lo ocultaban, que esto y lo otro. Detrás de todas las teorías y conjeturas alrededor de la vida surrealista, a medio camino entre la verdad y el cuento, crecía una conspiración: la Confederación Brasileña de Fútbol, conocedora del sentir popular, sugirió al entrenador poner el nombre de Neymar en la convocatoria mundialista. Que dejarlo fuera sería como ir al paredón, y que si Brasil caía en el Mundial todo iba a ser por la ausencia del mago…

¿Fue sincero Ancelotti en su llamado o lo hizo por presiones de las autoridades? ¿No sería por recomendaciones de alguna empresa ligada con su patrocinio al equipo auriverde? Por ahora nadie lo va a saber, como tampoco se conocerá si el tipo estaba tocado o no. El sábado 13 de junio, tercer día mundialista, Brasil enfrentará a Marruecos. Habrá que tener los sentidos puestos en la cancha de Nueva Jersey y fijarse si Neymar jugará la partida. Pocas veces, como ahora, se estará pendiente de lo que haga o deje de hacer un jugador. Si por esas cosas locas del fútbol decide el partido, Carlo Ancelotti tendrá un motivo para respirar; mas, si se pierde en el océano del partido, como Tom Hanks en la película “El Naúfrago”, entonces alguien tendrá que dar la cara: ¿quién será?

Nos vemos por ahí.

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