Corría la media tarde del 5 de junio de 1971 y las esperanzas de la máxima gloria en Venezuela estaban cifradas en las cuatro patas de Cañonero, ejemplar que, de la mano de Gustavo Ávila y Juan Arias, había sorprendido no solamente al mundo del turf, sino a la Triple Corona en general.
A la sazón, Vicente Paúl Rondón, recién coronado campeón semipesado de la Asociación Mundial de Boxeo, también estaba listo en esa fecha, pero en horario nocturno, para realizar su primera defensa frente al italiano Piero Del Papa en el Nuevo Circo, en pleno corazón de Caracas.
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Cañonero correría en Kentucky, Estados Unidos, mientras que Rondón pelearía en Caracas, fuera de su natal Barlovento, pero acobijado como un citadino más.
Al conocer que el noble bruto finalizó en el cuarto lugar frente a 82.692 aficionados, justo detrás del outsider Pass Catcher –sin contar la audiencia a nivel mundial por efecto multiplicador vía satélite–, el ánimo decayó en todo el país.
No obstante, unas cuatro horas despúes, el “León de Río Chico” se encargaría en menos de tres minutos de devolver la sonrisa a la patria.
Debut de etiqueta
El combate entre Vicente Paúl Rondón y el italiano Piero Del Papa en el Nuevo Circo es considerado uno de los capítulos más fulminantes y recordados de lo que, posteriormente, se conocería como la mítica “época de oro” del boxeo venezolano en el 71.
El 5 de junio de ese año, Venezuela solo contaba con un campeón mundial, que era precisamente Rondón, quien en cierta forma había heredado la idolatría que años atrás había generado Carlos “Morocho” Hernández, nuestro primer monarca universal.
El futuro tenía otros tres ases en espera que serían Alfredo Marcano, Antonio Gómez y Betulio González para cerrar un año maravilloso. Pero mientras ese tiempo no llegaba, el también conocido como “Muchachote” era la única figura a seguir.
No en balde había logrado la corona de las 175 libras por KO en 6 vueltas ante Jimmy Dupree en el coso capitalino, apenas tres meses antes.
La cita contra Piero Del Papa representaba la primera exposición de su corona. Había una enorme expectación porque el público abarrotaba el Nuevo Circo esperando una batalla larga y técnica ante el experimentado retador europeo, quien venía de ser campeón de Europa y también ponía su centro en juego esa noche.
Pero, contrario a lo que muchos pronosticaban, el espigado pegador de San José de Río Chico no le dio libertades al italiano y salió con una determinación arrolladora desde el tañido de la campana. Conectó una combinación impecable y fulminante que mandó a Del Papa a la lona en el mismísimo primer asalto.
El golpe fue un certero upper de derecha que impactó la parte baja de la mandíbula del europeo y sobre su propia esquina no pudo recuperarse del castigo tempranero.
El árbitro Zach Clayton contó los 10 segundos reglamentarios para sentenciar el fuera de combate, desatando la euforia total en las gradas del coso taurino.
Había caído un ídolo en Kentucky, pero otro ídolo tomaba más fuerzas en Caracas, y por ende, en el país.
Cabe destacar que Del Papa no era ningún improvisado dentro del boxeo. Poco antes de su combate en Caracas, tuvo la oportunidad de pelear por el campeonato mundial absoluto de la AMB y el CMB frente al legendario e invicto campeón estadounidense Bob Foster.
Aunque Del Papa cayó noqueado en el cuarto asalto en Baltimore, Estados Unidos, aquella pelea marcó su consagración en la élite mundial.
Tras colgar los guantes en 1972 con un récord profesional de 44 victorias (17 por KO), 11 derrotas y 4 empates, Del Papa aprovechó su carisma y físico para incursionar en el cine italiano. Participó como actor de reparto en un par de comedias y películas de acción de Bud Spencer y Terence Hill, como Lo llamaban Buldozer, El sheriff y El pequeño extraterrestre.
En cuanto a Rondón, cerró el año con hasta 3 defensas más –Eddie Jones, Conny Velensek y Doyle Baird– antes de ceder el cetro frente al propio Foster en abril de 1972.
Lamentablemente, de esa derrota surgió el mal chiste del dicharachero popular que rezaba: “La bendición a Foster y que me traigan a mi mamá…”, una burla que no desmereció la nobleza de Vicente Paúl Rondón.