Néstor «Mamá Osa» Salazar es historia pura del baloncesto venezolano, habiendo forjado un legado inigualable de perseverancia, constancia, redención y liderazgo sobre los tabloncillos.

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Este jueves, el estratega guió a Marinos de Anzoátegui a la conquista de su duodécimo título —la máxima cantidad en la historia del circuito criollo— y, de paso, consiguió su séptimo campeonato como entrenador. Con esta hazaña, Salazar rompió el empate histórico que mantenía con el legendario Pedro «Camagüey» Espinoza, a quien había igualado en la temporada 2022 luego de obtener su segundo gallardete con Trotamundos de Carabobo.

«Mamá Osa» tomó las riendas de Marinos el pasado 12 de abril, cuando el equipo se encontraba en el sexto lugar de la tabla de posiciones con récord de 8-6 y en medio de una situación interna compleja tras la renuncia del director técnico argentino Silvio Santander. Si bien el «Acorazado Oriental» no pudo escalar más posiciones en la ronda regular y se clasificó en la sexta casilla (con foja final de 14-10), el primer objetivo estaba cumplido. El resto, como reza el dicho, ya es historia.

«Gracias a Dios por la oportunidad que me dio tan buena organización», declaró Néstor Salazar a SPB TV. «Llegué con una meta trazada que era clasificar al equipo; después fuimos acoplándonos y organizándonos para lograr lo que queríamos», añadió.

El camino de la redención oriental

En la postemporada, Marinos eliminó a los vigentes campeones, Gaiteros del Zulia, y posteriormente dio cuenta en la instancia decisiva de Guaiqueríes de Margarita, quedándose con la gloria ante un rival que había alcanzado la serie definitiva hace dos temporadas y que llegaba a esta instancia con aires de revancha.

El impresionante palmarés de Salazar incluye un total de 16 finales disputadas, con una primera experiencia que se remonta a 1987 con Panteras de Miranda. Perdió también las finales de 1992, 2002 (con Trotamundos), 2005 y 2006, estas últimas dos al mando de Guaros de Lara; incluso, cayó el año pasado dirigiendo a Trotamundos en la instancia decisiva justamente ante Gaiteros del Zulia.

Sin embargo, no fue sino hasta 2008 cuando alzó su primer título al mando de los Cocodrilos de Caracas, organización con la que protagonizó una enconada rivalidad justamente ante Marinos durante finales de la década de los 2000 e inicio de la de 2010. Es por ello que el estratega confiesa que el reto más complejo de esta pasantía fue ganarse el respeto de la exigente fanaticada oriental.

«El título siete es demasiado importante para mí porque, como lo he dicho siempre, uno de mis tutores fue ‘Camagüey’, y ahora paso a ser el más ganador de la historia», continuó con emoción Salazar. «Lo que más me impresiona es el trato de la gente. Después de que venía para acá y era el más odiado, ahora la fanaticada me premia con esto», concluyó.

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