La federación belga de fútbol exigió explicaciones a la FIFA sobre una decisión que permitió al delantero estadounidense Folarin Balogun jugar el siguiente partido del Mundial pese a haber recibido una tarjeta roja en su anterior partido.

Bélgica enfrenta a Estados Unidos más tarde el lunes por una plaza en los cuartos de final.

La federación belga manifestó que aún no ha recibido ni “la decisión de la FIFA ni ninguna explicación sobre este asunto. En estas circunstancias, no le queda más remedio que impugnar la elegibilidad del jugador para el próximo partido”.

No especificó ante qué instancia pretende apelar la decisión de la FIFA.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino en favor de Balogun, cuya suspensión por tarjeta roja fue levantada en una decisión que le permitirá jugar contra Bélgica.

La federación belga dijo que se enteró por informes de prensa de la medida de la FIFA y envió una carta al organismo rector solicitando una copia de la decisión, así como una explicación del proceso.

“Como única respuesta, la FIFA envió una carta a la RBFA indicando que consideraba que esta correspondencia constituía una apelación, que se había designado a un juez y que la RBFA tenía solo unas pocas horas para completar esa apelación”, señaló. “La FIFA no proporcionó ninguna información en absoluto”.

La RBFA insistió en que el reglamento de la FIFA establece que la decisión motivada primero debe haber sido comunicada al apelante.

“Mientras la RBFA solo buscaba explicaciones legítimas, la propia FIFA creó una apelación y de inmediato se aseguró de que fuera declarada inadmisible”, dijo. “Todo esto ocurrió mientras la FIFA, al mismo tiempo, se negaba a responder a las solicitudes legítimas de la RBFA”.

Balogun, el delantero referente de Estados Unidos con tres goles en el torneo, recibió una tarjeta roja por pisar de forma torpe el tobillo derecho del bosnio Tarik Muharemović en la victoria 2-0 en la ronda de dieciseisavos el miércoles, lo que activó una suspensión automática de un partido.

La FIFA anunció el domingo que la suspensión había sido levantada para el partido de octavos de final, una medida extraordinaria que provocó elogios de Trump e indignación del equipo de Bélgica. Pareció ser la primera vez desde Chile 1962, un caso que involucró al brasileño Garrincha para permitirle jugar en la final que su selección ganó, que una tarjeta roja durante un Mundial no resultó en una suspensión.

“Independientemente del resultado deportivo de este partido, la RBFA está profundamente preocupada por el curso de los acontecimientos y seguirá luchando en las próximas horas, días y meses en defensa de los principios fundamentales de ética, competencia justa y los intereses del fútbol en su conjunto”, añadió la federación belga.

La decisión de la FIFA fue criticada por la Comisión Europea, el poderoso brazo ejecutivo de la Unión Europea, con sede en Bruselas.

Glenn Micallef, comisario de deporte de la Unión Europea, dijo que las decisiones “sobre las reglas deportivas y los asuntos deportivos pertenecen a los organismos deportivos, no a los políticos”.

“Influir en las decisiones deportivas socavaría la autonomía del deporte”, escribió en un mensaje en X. “En su lugar, nuestro enfoque debería estar en los verdaderos desafíos de gobernanza que enfrenta el deporte, incluida la instrumentalización del deporte con fines políticos”.

 

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