Hay quienes dicen que la mejor manera de reponerse a la adversidad es volver a hacer todo aquello que te hace realmente feliz. Y es así como, aunque al principio cueste, todos volvemos a nuestro lugar seguro, ese donde el tiempo parece detenerse y el corazón sonríe. Supongo que ese es el tipo de escape que quiso darle Robinson Chirinos a unos niños en Naiguatá, una de las tantas zonas afectadas en el estado Vargas por el terremoto del 24 de junio.

El coach de banca del Team Venezuela, campeón del Clásico Mundial de Beisbol 2026, estuvo jugando pelota con los pequeños, niñas y niños, que incluso simularon la narración de aquel título conseguido en marzo por la selección que comandaba Omar López. Y, claro, también regaló autógrafos a diestra y siniestra para que los pequeños conserven ese recuerdo para siempre. “En estos tiempos debemos ser empáticos, estar cerca de los nuestros, demostrarles el amor, la empatía, pero sobre todo hablarles de Dios”, dijo el ex grandeliga, que jugó 11 años en el llamado mejor beisbol del mundo.

Es verdad que, en un momento tan álgido cómo el que estamos viviendo, es complicado encontrar razones para sonreir. Pero tenemos que buscarlas. En especial por los más pequeños que todavía no alcanzan a entender la magnitud de lo que se vivió ese 24 de junio. Los niños que están en los refugios, algunos porque lo perdieron todo y otros porque sus casas están parcialmente afectadas, disfrutan la compañía de quienes les ofrecen alternativas para distraerse, para jugar, para ser niños. Esa tarea la podemos hacer todos, cuidar a nuestros pequeños es proteger nuestro futuro. Así que incluir juguetes en nuestras donaciones, créeme, no está de más.

Además de acompañar e intentar distraer a los más pequeños, Chirinos también ha usado su empresa -de transportes eléctricos- para llevar donativos a las zonas más afectadas en tres estados del país, consiguiendo entre otras cosas entregar más de 1500 raciones de comida. De esta forma, se une a los muchos atletas o personas vinculadas al deporte venezolano que han prestado apoyo a los más necesitados en estos días de contingencia, que por cierto son solo el comienzo de un largo camino. Esa es otra cosa que debemos entender.

Volver a la “normalidad”, a la rutina que teníamos antes del doblete sísmico, es necesario. Para poder sanar en lo individual y ayudar a reconstruir todo aquello que colapsó. Pero no olvidemos que hay miles de personas que perdieron sus hogares y serán ubicados en refugios, personas que lamentablemente sufrieron la amputación de algún miembro y tienen que reaprender a vivir, otros muchos que se quedaron solos. Todos ellos nos necesitan, requieren acompañamiento, nuestra ayuda constante. Porque como ya lo hemos dicho en otras oportunidades esta es una carrera de resistencia y para transitarla necesitamos avanzar en grupos, todos juntos.

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