
Interstellar y For All Mankind son, en sus respectivos estilos y formatos, dos de las mejores historias de la ciencia ficción reciente. Y lo son por una razón: su capacidad de mezclar lo humano con la tecnología de punta en un mismo escenario. Un concepto que las seis temporadas de The Expanse llevan a un nuevo nivel. También, convierte a la serie en una de las mejores y más interesantes producciones de la ficción especulativa de la televisión.
Basada en la serie de novelas homónimas escritas por Ty Franck y Daniel Abraham, la historia sorprendió desde sus primeros capítulos. En específico, por una decisión inteligente de guion. La de narrar la conquista del espacio, a través de una profunda humanidad. Por lo que, a pesar de que la trama indaga en la colonización de planetas, la vida fuera de la Tierra y adelantos impensables, es también un drama brillante. Uno que basa buena parte de su fortaleza en lograr mezclar conflictos íntimos con situaciones extraordinarias. Lo que convirtió a la serie en una de las favoritas del público casi de inmediato.
Pero además, The Expanse tiene una curiosa historia detrás de cámara. Estrenada inicialmente en la cadena Syfy en el año 2015, fue cancelada y posteriormente rescatada de manera magistral por Amazon Prime Video. Todo, después de una intensa campaña de los fanáticos para lograr que Jeff Bezos se interesara en producir la serie y llevarla a un digno final. Un giro de acontecimientos que convirtió a la producción en un ícono de la televisión y que forma parte de la mitología a su alrededor.
Una historia icónica para la ciencia ficción

Al igual que Interstellar y For All Mankind, The Expanse basa su éxito en su enfoque riguroso en la ciencia ficción dura. En particular, su minucioso realismo científico. A diferencia de otras franquicias espaciales que incurren habitualmente en errores científicos en favor de la espectacularidad, la producción opta por lo contrario. De modo que respeta profundamente las leyes de la física newtoniana clásica y la astrodinámica orbital moderna.
El espacio en este vasto universo de ficción es retratado de manera constante como un entorno inherentemente hostil, silencioso, mortal y profundamente implacable. Esta atención obsesiva al detalle técnico y tecnológico no solo sirve como un mero telón de fondo estético o visual para la acción dramática. También se convierte de manera activa en un motor fundamental para el desarrollo orgánico de la trama. De hecho, buena parte del éxito de The Expanse, se encuentra en lograr hacer tan creíble su atmósfera, como para ser inmersiva.
Pero al otro extremo, el argumento de la serie se desarrolla en un contexto geopolítico profundamente complejo. Ambientado aproximadamente doscientos años en el futuro, la premisa explora una época en que la humanidad colonizó con éxito una gran parte del sistema solar. Pero ha exportado consigo todos sus vicios sociopolíticos, prejuicios históricos y encarnizados conflictos tribales. El panorama político global se encuentra dividido de manera inestable en tres grandes facciones rivales que compiten ferozmente por la supremacía económica. También, por el control militar absoluto y la supervivencia material a largo plazo. Un escenario que se vuelve más complejo a medida que avanzan los capítulos.
Un escenario complicado para ‘The Expanse’

En primer lugar, The Expanse dedica su interés a territorio conocido. Por lo que se enfoca en la Tierra, gobernada por una versión unificada y burocrática de las Naciones Unidas. Una superpotencia envejecida, decadente, superpoblada por miles de millones de ciudadanos que dependen por completo de la asistencia social básica del gobierno para subsistir. Todo en un planeta ecológicamente degradado y agotado.
En segundo lugar se encuentra Marte, una potencia militar y tecnológica fuertemente disciplinada. Una además, cuya sociedad entera está obsesionada de manera colectiva con el monumental proyecto generacional de terraformar su árido planeta rojo. Eso, para dotarlo de una atmósfera respirable y océanos propios. Por último, están los habitantes desposeídos del Cinturón de Asteroides y las lunas de los planetas exteriores. Todos conocidos despectivamente por las potencias internas como los cinturianos o belters.
Esta clase obrera espacial es explotada sistemáticamente por los valiosos recursos naturales que extraen de los asteroides, como el agua helada y los minerales preciosos. Pero, además, sufren graves mutaciones fisiológicas debido a la baja gravedad crónica y la falta de aire. Algo que genera un resentimiento político profundo y el nacimiento de movimientos guerrilleros radicales y violentos. Un tema que The Expanse analiza de manera cuidadosa y sin perder la perspectiva de su dramatismo total.
‘The Expanse’, una obra brillante para amantes de la ciencia ficción

A Interstellar, de Christopher Nolan, se le recuerda por indagar en el sentido de la ciencia para comprender las ambiciones humanas. Un punto que conecta a la conocida cinta con For All Mankind, uno de los éxitos recientes de Apple TV. Lo cierto es que The Expanse toma la misma idea y, además, se plantea complejas preguntas sobre la naturaleza humana. Por lo que, más allá de su visión del espacio, el corazón de la producción radica en su profunda e inteligente exploración de temas sociopolíticos.
Del colonialismo económico, el racismo sistémico, la desigualdad social extrema a la fragilidad inherente de las instituciones democráticas ante las crisis globales. La serie destaca y se niega rotundamente a presentar el conflicto global en términos simplistas de buenos contra malos o héroes contra villanos absolutistas. En su lugar, muestra con maestría cómo las acciones extremas son la consecuencia trágica y directa de siglos de opresión colonial violenta. Una visión sobre el tiempo, las relaciones de poder y la ambición, que hacen de The Expanse una obra extraordinaria.
Puedes ver las seis temporadas completas de The Expanse en Prime Video.
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