Hace cuarenta años, en pleno Mundial de México86, Carlos Salvador Bilardo, para entonces entrenador de Argentina, vaticinó que el fútbol del futuro iba a estar en África. Que había más niños jugando que en la industrializada Europa y más que en Suramérica, esta con todo sus problemas sociales. Pero el tiempo pasó y ningún equipo del continente africano se ha asomado como candidato firme en las decisiones de este deporte. Va y viene, goles aquí, goles allá, y Europa y América siguen siendo vanguardia, marcadores de la época actual y sin que ningún otro continente diga “aquí estamos” para “poner agua en la cerveza” de las dos clásicas regiones del mapamundi. Así se ha visto en este Mundial, con los europeos representados por España, Inglaterra y Francia, y América del Sur por Argentina. ¿Donde quedaron los africanos, los asiáticos, los oceánicos?…
Obviamente, el Mundial se ha nutrido con selecciones que han crecido en lo futbolístico, especialmente porque sus organizaciones han mejorado y así con ello sus equipos y selecciones. Tomemos por ejemplo a Canadá y Australia, países en los que el fútbol no es primer deporte. A despecho de ello, su seleccionados son ahora, cuando menos, competitivos, tienen presencia y son tomados en cuenta por las llamadas potencias. Y entonces, mientras ellos suben, los africanos se mantienen en el mismo mediano lugar. Tal vez Marruecos, de la llamada África blanca, y Ghana, en el sur del continente negro, podrían alzar su voz y comprometer la hegemonía de europeos y americanos. Y en Asia, hablando por extensión, Japón y Corea del Sur dan muestra de vida, aunque todavía sin aspiraciones de grandeza…
El Mundial de 2030, el del centenario, se perfila como un campeonato de disputas y polémicas. Se habla y parece ser ya casi un hecho que será entre 64 países, una barbaridad (un “quilombo”, como se dice en Buenos Aires), lo que permitirá llegar a España, Portugal y Marruecos, anunciados como anfitriones, a selecciones de toda ralea. Y este es el punto de discusión. Los tradicionalistas prefieren un torneo selectivo con los mejores, y la Fifa, metida más en el enorme negocio que en el fútbol propiamente, cree que será “democrático” convocar a un gentío. El laberinto va a ser la organización de las clasificaciones, especialmente de América del Sur. Con inauguraciones en Montevideo, Buenos Aires y Asunción, habría que ver cómo irá a ser la eliminatoria suramericana. Entonces, y ya apuntando a Venezuela, ahí podría estar la tan esperada oportunidad al fin y luego de tantos años, de la Vinotinto.
Nos vemos por ahí.