Pedro Almodóvar
Pedro Almodóvar

Pedro Almodóvar se ha convertido en el cineasta español más internacional y razones no faltan. No solo es capaz de contar las historias más estrafalarias y asombrosas con una maestría conmovedora. También, de usar la estética y la dirección de fotografía para acentuar el poder y el tono de su historia. Amarga Navidad (2026) el vigesimocuarto largometraje del director y que ya puedes ver en Movistar+, demuestra además su crecimiento como realizador. Eso, después de pasar por Hollywood con éxito y dirigir a la talentosa Tilda Swinton en La habitación de al lado

Pero además, Amarga Navidad se desmarca del tono gamberro de sus inicios para sumergirse en una tragicomedia crepuscular. En lugar de indagar en un melodrama tradicional, el director vuelca sus miedos a la decadencia artística. También, en el duelo y la vejez a través de un inteligente juego de espejos narrativos. Adaptación de su propio libro de relatos El último sueño (2023), la cinta además es una reflexión sobre la capacidad del arte para ser sanador. Mucho más, del cine como una ventana hacia los sufrimientos del espíritu y como una manera de profundizar en la trascendencia. 

Ambientada en el año 2004, la trama sigue a Elsa (Bárbara Lennie), una publicista que sufre el fallecimiento de su madre en pleno diciembre. Para esquivar el dolor, se sumerge en una espiral de trabajo compulsivo hasta que un severo ataque de pánico la obliga a detenerse. Todo para recluirse en la isla de Lanzarote junto a su amiga Patricia (Vicky Luengo). A primera vista, Amarga Navidad tiene todo para parecer uno de los melodramones intimistas del director. Pero de pronto, la cinta da un giro inesperado que la transforma por completo.

Dos visiones de la realidad a través de Pedro Almodóvar

Amarga Navidad

Eso, cuando el guion revela que la crisis de Elsa está siendo escrita en el año 2026 por Raúl (Leonardo Sbaraglia). Este, un veterano cineasta sumido en su propia parálisis creativa. A través de esta elaborada estructura laberíntica de historias dentro de historias, Almodóvar explora la delgada línea entre la realidad y la ficción. Raúl recurre a las vivencias ajenas y a sus propios traumas familiares para dar forma al guion de Elsa. Por lo que desata un complejo debate moral sobre los límites éticos de la creación y el egoísmo artístico. 

Uno de los elementos más interesantes de Amarga Navidad, además de incursionar en este extraño juego de análisis sobre la ficción y el tiempo, es su elenco. Un reparto coral en que las colaboraciones habituales se mezclan con nuevos rostros del cine español. Pero en especial, crean un grupo de personajes memorables que sorprenden por las múltiples capas de tensión y complejidad que los hacen sorprendentes y cercanos. Por un lado, Bárbara Lennie sostiene el tono obsesivo y neurótico de la película, brindando a su personaje un denso mundo interior. Al otro extremo, Leonardo Sbaraglia asume con destreza el rol de alter ego desencantado del director. 

El conflicto doméstico en el Madrid de 2026 se enriquece gracias a figuras como Aitana Sánchez-Gijón y Quim Gutiérrez. En especial, cuando ambas confrontan a Raúl por el uso instrumental que hace de la intimidad de las personas que le rodean. Por último, en lo puramente nostálgico, rostros icónicos del universo del director, como la mítica chica Almodóvar Rossy de Palma, conmueven. Pero en especial, recuerdan el amplio cinematográfico que ha construido el director a lo largo de los años. 

Para fanáticos 

Amarga Navidad

Visual y conceptualmente, Amarga Navidad mantiene la inconfundible impronta estética de la productora El Deseo. Como siempre, gracias al talento de Agustín Almodóvar, apoyándose en la fotografía de Pau Esteve Birba y el minucioso montaje de Teresa Font. Por lo que hay una acertada combinación entre la suntuosidad de los interiores madrileños y el contraste árido de los paisajes canarios. No obstante, la atmósfera general se percibe más sobria, gélida y contenida que de costumbre. 

Una evidente metáfora del estado de ánimo de los personajes. Por lo que el dolor adquiere un carácter poético mediante secuencias performáticas de alta carga simbólica. Pero el manchego jamás renuncia del todo a su estilo singular y estrambótico. Por lo que hay escenas memorables como un disparatado striptease masculino en una despedida de soltera, el llanto de dos amigas arropadas por la desgarradora voz de Chavela Vargas en un reproductor de CD. Pero de manera muy especial, una conmovedora interpretación de la Canción de las simples cosas a cargo de la cantante Amaia Romero. Un instante musical que detiene el tiempo y cristaliza la esencia del duelo. 

Puede que sea la película más alejada del tono corriente del director, pero lo cierto es que Amarga Navidad sorprende y emociona. Aunque no busque la catarsis emotiva inmediata de joyas pasadas como Volver o Dolor y gloria, tiene todo su poder para sorprender. En particular, porque Almodóvar se desnuda ante su público exponiendo el sacrificio que a veces exige el arte. Por lo que demuestra que incluso en la etapa otoñal de su carrera posee la audacia necesaria para dinamitar sus propias certezas.

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