El Mundial ha terminado, y todos aquellos efluvios salidos desde la pierna zurda de Ferrán Torres en el partido final se atesoran en la memoria. Pero como el fútbol no se detiene por grandes que sean sus eventos, habrá que volver la cabeza y mirar fijamente hacia otros lados. Europa, América del Sur, y cómo no, a la Vinotinto y su proceso de reconstrucción. ¿Su reconstrucción? Para lograr esto habrá que tener, cuando menos, ojo observador, andar por el país, una valentía para apartar a los que ya cumplieron su labor y auscultar a los valores emergentes. Ahora recordamos a César Luis Menotti en Argentina. Con plenitud de confianza y poder para decidir, se largó en 1974 por todo el país en procura de jugadores competitivos. Los buscó, probó sus teorías aplicadas a la muchachada, y ahí quedó el resultado: campeón mundial, con Mario Alberto Kempes al frente, cuatro años después…

La dificultad mayor para Oswaldo Vizcarrondo y Fernando Aristeguieta, capitanes de proa del barco insignia, ha de ser el conseguir, en las entrañas del territorio nacional, futbolistas del talante, el genio y el hábito de jugar ante muchedumbres ante las que verán. Algunos despuntan en algunos países, especialmente en Europa, pero ¿con ese bastará?, ¿será suficiente marcar goles en Ucrania y Portugal para batirse con las selecciones de América del Sur en Copa América y Premundial? En realidad, y viendo las cosas con objetividad, aquellas no son ligas bien calificadas en el cosmos internacional. En Venezuela, aunque despiertan cierto entusiasmo en los medios de casa, no hay hasta ahora ningún futbolista criollo en la gran marquesina. Y es ahí donde ha de estar el proyecto hacia el Mundial 2030: formar, formar para los grandes días por llegar…

El 31 agosto y uno de septiembre sonará el silbato para marcar el final del juego. Por entonces habrá concluido el periodo de cambios y transacciones de jugadores en el llamado “mercado” del fútbol mundial, lleno de especulaciones y dinero a raudales más puesto en las conjeturas de esquinas y bares que en la verdad-verdadera. Michael Olise, del Bayer Munich, podría convertirse en el fichaje más caro desde los días cuando Neymar llegó del Real Madrid al París Saint-Germain por 220 millones de euros. No obstante, este asunto de Olise, por un platal que igualaría la del atacante brasileño, podría no ser luego de seguir de cerca su desilusionante actuación en el Mundial con la selección de Francia. Así las cosas, los clubes se mueven por todo el continente del lado aquel del océano Atlántico en procura de cracks. Buscar y conseguir a otro Olise sería como conseguir un tesoro pirata en el fondo del mar.

Nos vemos por ahí.

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